domingo, 10 de julio de 2016

Destino. Capitulo Primero (Registrado en SAFE CREATIVE SEPTIEMBRE 2015)

Créditos www.hdwallpaperdownload.net 

Y ahí estaba ella, sin saber que hacer, en medio de una situación que aborrecía cuando sus amigas se lo platicaban. Situación que no terminaba de comprender, como ellas, quienes decían que amaban más que su vida a sus maridos, a ese ser que las abraza, las cobija, les brinda seguridad y  apoyo.


Ella se sentía tan segura de que jamás le pasaría…. Hasta que esa tarde de otoño, después de una discusión fuerte con Will, su esposo, quien deseaba que le diera a su primogénito, cosa que ella no quería porque necesitaba tiempo para sí misma,  y para sacar adelante ese libro que venía acunando y no quería soltar hasta que por lo menos lo hubiera terminado. El tener hijos significaba una pausa muy prolongada para ella,  casi definitiva en el mundo de las letras.


 Así que aquella tarde salió de su casa dejando a Will en ella. Necesitaba tiempo, necesitaba un respiro.  Cerró la puerta,  y  pensando mil cosas y nada  a la vez, se marchó de allí, sintiendo como su sangre hervía por sus venas.
Caminando sin rumbo fijo, llegó hasta lo que era un pequeño parque  con un Jardín de infantes.  Mirando todo a su alrededor, pensó por un instante  el lugar en el que se fue a detener, riendo por la ironía de su vida. Se llevó las manos a la cabeza, se tapó  la cara  y comenzó a llorar desconsoladamente.


Un hombre, vestido con unos vaqueros azules, playera blanca, chamarra negra, y con  pelo negro  corto y  algo alborotado, se le acercó preguntándole que le ocurría, pero Eileen se limitó a negar con la cabeza , y sin levantarle la mirada,  le dijo que todo estaba bien, que no había de que preocuparse. El hombre le dio un pañuelo blanco para que  se limpiase las lágrimas y se fue.


Eileen levantó la cabeza en ese instante  pues el timbre de su voz le fue tan melodiosa como atractiva, y  vio la figura alejarse. Éste, se encontraba  cogido  de la mano de  una niña pequeña e iba bromeando, diciéndole que su madre la había peinado esa mañana de forma extraña y alocada. Seguidamente, los vio entrar juntos al edificio principal de la escuela.
A continuación se escuchó una campana que indicaba el inicio de las  clases, y todo el bullicio de los niños en la calle desapareció  para sólo quedar el silencio.  
Allí sentada, se quedó unos minutos observando su entorno. Por  la acera de en frente, caminaba una mujer de edad madura del brazo de la  que parecía ser su madre anciana, la cual caminaba con dificultad  pero con una gran sonrisa en el rostro. Se detuvieron a saludar a una mujer mucho más joven, que  abrazó con un cariño inmenso a la anciana, mientras ésta le pasaba las manos por la cara tratando de saber quién era.  La abuela le dijo de pronto, con gran sorpresa, “ya sé quién eres tú, eres la niña de coletas y cabello de fuego, esa que tenía pecas en todo el rostro. Mary eres Mary”. La  chica, sonriendo, le  dijo “sí lo soy, y me da mucho gusto verla”. La abuela le volvió a buscar el rostro,  y acercándosela al suyo,  le dio un beso. Y la joven de cabello de fuego, le devolvió el beso pero en una de sus manos a la anciana, acordando en pasarse una tarde, saliendo del trabajo,  y prometiendo llevarle los dulces que tanto le gustaban. La abuela le sonrió y le aseveró estarla  esperando.

Sonriendo por la escena que acababa de presenciar, Eileen se levantó de la banca,  cuando vio que al patio salían muchos niños corriendo, y el hombre que le había ofrecido ayuda , detrás de ellos. Él la miró y levantó una de sus manos para saludarla. Ella fue caminando hacia la acera de en frente para agradecerle su buen gesto y  devolverle  el pañuelo, cuando delante de ella  se detuvo  un coche del que salía su esposo Will, quién al verla, la abrazó estrechándola fuertemente a su cuerpo,  la tomó con ambas manos de las mejillas y le dio un hermoso beso que duro varios segundos dejándola sin capacidad para reaccionar. Se miraron a los ojos,  y la guio hasta la puerta del coche, pero al entrar y soltarle la mano a su marido, Eileen no se fijó que el pañuelo cayó al suelo.
Ella no dejaba de observar la hermosa silueta de Will, alejándose de  allí, sin mirar atrás.


En la calle, mientras, quedó el pañuelo,  el cual fue levantado por el hombre que se lo había ofrecido a esa dama en desgracia, la cual le fue arrebatada por quién parecía ser alguien importante para ella. Se llevó la tela al rostro, y pudo aspirar el aroma del fino perfume afrutado de la mujer desconocida. Esa a  la cual, su belleza  no era opacada por la tristeza en su rostro esa mañana, sino más bien,  la resaltaba aún más.
Eileen y Will, dentro del coche y camino a su casa, no dejaban de mirarse de reojo. Ella observaba como él, aun en silencio le provocaba. El movimiento de sus manos en el volante, su forma de  mirar por el espejo retrovisor y aprovechar  para centrarse en  ella aunque fueran segundos, o   como se mordía el labio inferior cuando estaba nervioso. El hecho de que ella no le perdiera detalle alguno, era algo que él amaba. Como  ella delineaba con sus ojos cada movimiento que él llevaba a cabo o como sus ojos regresaban al frente cuando se la encontraba observándolo. Por no hablar, de lo que surgía en él cuando sabía que se mojaba los labios cuando veía la forma con la que sus manos tomaban  el volante con fuerza. Indiscutiblemente, por muchos problemas que hubieran podido tener,  ambos se deseaban aun más que cuando se casaron años antes, y este sentimiento no había disminuido con el paso del tiempo.


Al llegar a la casa y abrir el portón del garaje,  lo introdujo y apagó, pero cuando  Eileen  se disponía a abrir la puerta,  este la detuvo.  La tomó por el cuello y la atrajo hacia sí con fuerza. Mientras la besaba, intentaba tirar de la palanca para que su asiento fuese hacia detrás. Ella, sorprendida,  sonrió, y  aprovechando el espacio que había entre ambos, se quitó la blusa que traía quedándose sólo con su brasier.  Will,  trató de hacer lo mismo,  pero con el inconveniente de su altura dado lo limitado del espacio, se alzó pegando su espalda a la parte trasera del sillón y pegando parte de su cuerpo  en el techo del coche, mientras ella, riéndose,  lo ayudó a que se quitase la camisa.
Pronto, sus risas se vieron acompañadas por las de él, al verse ambos incómodos y torpes como dos chiquillos primerizos.  Comenzaron a besarse nuevamente, pero en cuanto la imagen volvía a sus mentes,  la risa les ganaba.


 Will abrió la puerta del coche, y cargándola en sus brazos,  quiso llevarla   hasta la puerta por la que se accedía a  la cocina, pero a mitad de la escalera, Eileen tomó la cara de su marido y comenzó a besarlo, metiendo sus dedos entre su pelo y tirando un poco de él. Éste se detuvo a mitad de ascenso,  puesto que era obvio la señal que le había sido enviada: “Tómame, aquí… Ahora”.
Así que en el descanso de la escalera la sentó, retrocediendo  un par de escalones hacia abajo. Tomó sus pies, le quitó los zapatos y dejando sus dedos desnudos, se los llevo a la cara. Ella lo observaba  expectante,  esa forma de amarla era nueva,  muy diferente.
Sin dejar de mirarla mientras se llevaba a la boca el dedo de en medio del pie, mientras  su lengua acariciaba ese pequeño dedo, ello le provocó que se  moviera sin control.  Eileen sentía que su interior ardía,  e instintivamente,  comenzó a tocarse por encima de la falda abriendo ligeramente las piernas. Pero Will no quería que ella empezara el juego sin él, así que le aparto la mano,  y haciendo un gesto con su boca acompañado de cierto ruidillo,  le dijo que no.


Deslizando su mano desde la rodilla hasta llegar a los muslos , con las yemas de sus dedos fue acariciando lentamente sin perder atención de  cada movimiento, cada mirada, observando detenidamente la respiración en su pecho el cual se agitaba  cada vez más,  conforme sentía que aquella mano, la de su marido ,  se acercaba de aquella forma  a su intimidad.
Mientras su mano la tocaba por encima de la ropa   interior sin parar , sonriéndola en todo momento por el goce que ella experimentaba y que él le estaba provocando,   sin previo aviso  comenzó a bajarle lentamente la ropa interior, acercándose más a ella, cual cazador a su presa. Eileen, fiel espectadora de lo que su esposo le mostraba, apoyó ambos brazos en el escalón, poniéndose más cómoda, lo cual no duró mucho, puesto que próximo que habría de llegar y a ella le haría sentir,  la provocarían a  moverse, agitarse y tal vez gritar ,  liberando toda   tensión posible.
Con la ropa interior volando por los aires, cayendo sin querer en una foto que tenían colgada en la escalera y los zapatos regados más abajo, Will tuvo uso pleno y total de lo que su amada esposa poseía entre sus muslos. Cuando llegó a ellos, deslizó   su lengua por ellos como trazando un dulce y agradable camino hasta su destino, el cual no se encontraba lejos. Con sus labios en una de las ingles de Eileen, comenzó a devorar esa zona, haciendo que ésta lo tomara por los hombros, pero él alzó  la mirada, la tomó de las manos, colocándole una agarrando uno de los barrotes del  barandal y la otra en uno de los escalones.


Sin palabra alguna de por medio, el mensaje transmitido estaba claro.  Ana debía ser una mera espectadora  para lo que él tenía en mente ese día. A  ella sólo le quedaba sonreír y tratar de aguantar lo más que pudiera,  el simple toque de aquellas  manos que, sin profundizar aún del todo,  hacían estremecer  su cuerpo.
Y como Cazador que volvía a prestarle atención a su presa, decidió culminar su plan. Will continuó acariciando los muslos con las yemas de sus dedos, volviendo  a trazar ese camino que lo llevaba entre los muslos de su mujer,  tocando una vez más  con su lengua las ingles, rozando por encima   sus labios inferiores. Ayudándose  de una de sus manos,  introdujo su lengua, hábil, voraz, juguetona, con ansias de  introducirse en su interior  más y más, hasta conseguir  que Eileen comenzara a gemir, provocando que se agarrara fuertemente al barandal y a la pared. El deseo por sentirlo en su interior crecía con cada movimiento de él. Sentirlo con sus dedos introduciéndose en ella, sólo incrementaba  sus ganas por ser poseída.


Para él , que escuchaba sus gemidos, que sentía el movimiento de su cuerpo o sus piernas aprisionando sus cabeza,  ella estaba al borde de su excitación,  así que alzando su cabeza y poniéndose de rodillas , se desabrochó el pantalón dejando ver su gran deseo por estar en ella.  La tomó de la cadera y la acercó hacia él sin dejar de mirarla a los ojos y sin perder de vista cada detalle,  comenzó a penetrarla  lentamente,  como si fuera la primera vez que lo hacía, sintiendo su interior  caliente y húmedo, pero a la vez reconfortante para él.  Will comenzó a mover su cadera mientras su cintura era rodeada por  las piernas de ella , encontrándose más cerca el uno del otro ,  él más adentro en ella. . . y ella , más  invadida que nunca  por él.


En cada envestida que le daba, su rostro reflejaba su deseo por tenerla siempre así.  A ella, que en ese instante estaba más segura que nunca de que  no había nada más importante en su vida  que amar a su esposo,  a punto de llegar al máximo de placer,  su mente la traicionó haciéndole llegar por un intervalo de segundos  la imagen del hombre en el parque.  Asustada por lo que sentía , sin dejar de observar la cara de su esposo proporcionándole tanto placer, sin poder quitarse de su mente aquella mirada, aquellos ojos, esa expresión…….la  de ese hombre del cual ni siquiera sabía su nombre, sólo sabía   que necesitaba verlo otra vez. Los gemidos de su esposo  fueron los que la sacaron de su ensoñación. Sin poder articular palabra alguna,  sólo dejó que él terminara de saciar sus instintos, cerrando los ojos, abrazándolo y derramando una lágrima, por el deseo de estar con alguien más que no fuera  ese hombre espectacular con el cual se había casado.

Pasaron los minutos después de ese estallido de pasión y  deseo,  muy lleno de espontaneidad. Esa que Eileen no recordaba desde hacía mucho tiempo, y  su esposo había olvidado tener hacia ella, obsesionado como vivía  con el tema del hijo , llegando a dejar  de lado los sentimientos de ella.
Dándole un beso en la frente, Will la tomó entre sus brazos y la llevó a la habitación. Recostándola  suavemente en la cama,   poco a poco fue quitándole cada una de sus prendas de ropa hasta dejarla total y completamente desnuda. Tras   admirarla por un momento, la volvió a tomar en sus brazos nuevamente y  la llevó hasta el baño. Allí,  la sentó en la orilla de la bañera y abrió el grifo del agua  comprobando con los dedos de una de sus manos su temperatura. Mientras ésta corría , la invitó a entrar en ella, para a continuación, comenzar a  quitarse la ropa. Cuando tocó quitarse su ropa interior, decidió darle la espalda.


Mientras se la bajaba lentamente en un acto de total provocación, fue  agachándose  y abriendo ligeramente sus piernas,  ofreciéndole el espectáculo de un  trasero duro y simplemente perfecto ante los ojos de ella , al mismo tiempo que ciertas partes de su anatomía delantera  decidían hacer acto de presencia.  Sin levantarse,  se le fue acercando lentamente hasta quedar cerca de ella. En aquel juego de perfecta seducción,  se acarició  una de sus nalgas, con un gesto malévolamente sonriente en su rostro, invitándola a tomar lo que le pertenecía. Y sin dudarlo, Ana lo hizo, soltando al mismo tiempo una carcajada  que resonó en toda la habitación.
Poco acostumbrada a tomar lo suyo sólo livianamente,  cuando su mano toco la piel, la  introdujo entre  los muslos hasta llegar al otro extremo abriéndola por completo  para apretar con cautelosa fuerza  todo lo que en ella podía tomar, clavándole incluso las uñas, haciendo que éste gritase ligeramente y  riera.


Will se incorporó,  y dándose la vuelta,  se presentó ante ella con su miembro totalmente erecto y listo para que ella dispusiese de él a su conveniencia. Se introdujo en la bañera con la intención de sentarse en ella, cuando su esposa le detuvo. Sentía una necesidad irrefrenable de introducirlo  en su boca y saborear su carne, como tiempo más  atrás era costumbre  y muy disfrutada por su parte  además.
Él la tomó por el cabello tratando de  guiarle  los movimientos y hasta la intensidad de los mismos, pero Eileen le quitó  la mano alzando su cabeza , y con una ligera sonrisa igual de maliciosa que la recibida anteriormente.  Él no había dejado que ella ni  le tocase,   debiendo dejarse llevar mientras él tomaba  su cuerpo a su propio antojo, así  que ahora, había llegado el momento  de que ella tomara el control de la situación y disfrutara de ese hermoso cuerpo que aún conservaba.  A Will,  no le quedó más que dejarse llevar ,  y con las   manos en sus hombros, se limitó a  sentir como su esposa le sublimaba de placer , mientras disfrutaba de cada centímetro de su miembro ,  convirtiéndolo en un estallido de sensibilidad al tomarlo con sus manos, masajeándolo suavemente y por completo , combinándolo con las delicia del calor húmedo de su lengua en su base. 
Consciente de que ella jamás había olvidado cuáles eran sus puntos estratégicos de mayor placer  ni cómo le gustaba ser estimulado,  procuró recordárselo a él. Con su cuerpo cada vez más erguido y arqueado hacia la pared, estiró su cuello a todo lo que más la piel estiró dejando entrever  casi su tráquea y su boca completamente abierta y suplicante hacia el techo del cuarto de baño.  Viendo  que la boca y la ágil lengua de su esposa  estaban a punto de ganar la batalla, él, en  la cima de su capacidad de aguante , no pudo más ,  y a  Eileen , le quedó el premio de saborear  el dulce néctar de la victoria, como lo hace el más hábil de los pilotos .


Agitado, bajó su cabeza lentamente para recordar aquel rostro de satisfacción que creía recordar en ella, y  no contenta con ofrecerle aquella imagen únicamente, con sus manos , humedecía sus senos, su  cuello y rostro con la humedad desprendida por él.
Algo más relajado , aunque cansado, y con unos ojos que lo decían todo,  Will se sentó a su lado en el borde la bañera, frente a frente, tomó uno esponja, la mojó,  e impregnándola de jabón, se la fue  pasando suave y delicadamente por el rostro, como si se tratara de una muñeca de porcelana  que no quisiera dañar . La dejó caer en el agua, y, con sus dedos, comenzó a esparcir el líquido y resbaladizo elemento  por su piel.
Volvió a incorporarse cogiendo  la regadera de la ducha con una de sus manos mientras que le ofrecía la otra para que se levantase.  Tomó la regadera portátil  y comenzó a enjuagarla. Conforme el agua recorría cada recoveco de su cuerpo según él decidiera por dónde,   se fue acercando a él casi imperceptiblemente, y sólo cuando estuvo lo suficientemente cerca, levantó una de sus piernas , la que le impedía cualquier posible escapatoria , apoyando su pie  en el pequeño saliente , mientras juntaba sutilmente su cuerpo al de él, apoyado en la pared que tenía justo detrás. Y mirándolo fijamente  a los ojos, fue acercando sus labios  fundiéndose en un prolongado beso.


Ese amor, esa entrega, esa devoción que ambos se habían ofrecido era total.  No cabía duda alguna que el amor que un día los unió, aún continuaba en su corazón. Que el deseo, la lujuria de antaño, aún moraba en sus sentidos y se reflejaba en sus cuerpos.

Todo absolutamente, su devoción del uno para con el otro, estaban reafirmadas. En ese beso, en esas caricias que continuaron por un par de horas………… todo aquello que fue llenando ese bello muro de momento inolvidables en la memoria de los dos. . .  

FDO: ROCIO RANGEL ESPINOSA
(Todos los derechos reservados)


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