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Y ahí estaba ella, sin
saber que hacer, en medio de una situación que aborrecía cuando sus amigas se
lo platicaban. Situación que no terminaba de comprender, como ellas, quienes
decían que amaban más que su vida a sus maridos, a ese ser que las abraza, las
cobija, les brinda seguridad y apoyo.
Ella
se sentía tan segura de que jamás le pasaría…. Hasta que esa tarde de otoño,
después de una discusión fuerte con Will, su esposo, quien deseaba que le diera
a su primogénito, cosa que ella no quería porque necesitaba tiempo para sí
misma, y para sacar adelante ese libro
que venía acunando y no quería soltar hasta que por lo menos lo hubiera
terminado. El tener hijos significaba una pausa muy prolongada para ella, casi definitiva en el mundo de las letras.
Así que aquella tarde salió de su casa dejando
a Will en ella. Necesitaba tiempo, necesitaba un respiro. Cerró la puerta, y pensando mil cosas y nada a la vez, se marchó de allí, sintiendo como
su sangre hervía por sus venas.
Caminando
sin rumbo fijo, llegó hasta lo que era un pequeño parque con un Jardín de infantes. Mirando todo a su alrededor, pensó por un
instante el lugar en el que se fue a
detener, riendo por la ironía de su vida. Se llevó las manos a la cabeza, se
tapó la cara y comenzó a llorar desconsoladamente.
Un hombre, vestido con
unos vaqueros azules, playera blanca, chamarra negra, y con pelo negro
corto y algo alborotado, se le
acercó preguntándole que le ocurría, pero Eileen se limitó a negar con la
cabeza , y sin levantarle la mirada, le
dijo que todo estaba bien, que no había de que preocuparse. El hombre le dio un
pañuelo blanco para que se limpiase las lágrimas
y se fue.
Eileen
levantó la cabeza en ese instante pues
el timbre de su voz le fue tan melodiosa como atractiva, y vio la figura alejarse. Éste, se
encontraba cogido de la mano de una niña pequeña e iba bromeando, diciéndole
que su madre la había peinado esa mañana de forma extraña y alocada.
Seguidamente, los vio entrar juntos al edificio principal de la escuela.
A continuación se
escuchó una campana que indicaba el inicio de las clases, y todo el bullicio de los niños en la
calle desapareció para sólo quedar el
silencio.
Allí
sentada, se quedó unos minutos observando su entorno. Por la acera de en frente, caminaba una mujer de
edad madura del brazo de la que parecía ser
su madre anciana, la cual caminaba con dificultad pero con una gran sonrisa en el rostro. Se
detuvieron a saludar a una mujer mucho más joven, que abrazó con un cariño inmenso a la anciana, mientras
ésta le pasaba las manos por la cara tratando de saber quién era. La abuela le dijo de pronto, con gran
sorpresa, “ya sé quién eres tú, eres la niña de coletas y cabello de fuego, esa
que tenía pecas en todo el rostro. Mary eres Mary”. La chica, sonriendo, le dijo “sí lo soy, y me da mucho gusto verla”. La
abuela le volvió a buscar el rostro, y acercándosela
al suyo, le dio un beso. Y la joven de
cabello de fuego, le devolvió el beso pero en una de sus manos a la anciana,
acordando en pasarse una tarde, saliendo del trabajo, y prometiendo llevarle los dulces que tanto le
gustaban. La abuela le sonrió y le aseveró estarla esperando.
Sonriendo
por la escena que acababa de presenciar, Eileen se levantó de la banca, cuando vio que al patio salían muchos niños
corriendo, y el hombre que le había ofrecido ayuda , detrás de ellos. Él la
miró y levantó una de sus manos para saludarla. Ella fue caminando hacia la
acera de en frente para agradecerle su buen gesto y devolverle el pañuelo, cuando delante de ella se detuvo
un coche del que salía su esposo Will, quién al verla, la abrazó
estrechándola fuertemente a su cuerpo,
la tomó con ambas manos de las mejillas y le dio un hermoso beso que
duro varios segundos dejándola sin capacidad para reaccionar. Se miraron a los
ojos, y la guio hasta la puerta del
coche, pero al entrar y soltarle la mano a su marido, Eileen no se fijó que el
pañuelo cayó al suelo.
Ella no dejaba de
observar la hermosa silueta de Will, alejándose de allí, sin mirar atrás.
En
la calle, mientras, quedó el pañuelo, el
cual fue levantado por el hombre que se lo había ofrecido a esa dama en
desgracia, la cual le fue arrebatada por quién parecía ser alguien importante
para ella. Se llevó la tela al rostro, y pudo aspirar el aroma del fino perfume
afrutado de la mujer desconocida. Esa a la cual, su belleza no era opacada por la tristeza en su rostro
esa mañana, sino más bien, la resaltaba aún
más.
Eileen
y Will, dentro del coche y camino a su casa, no dejaban de mirarse de reojo.
Ella observaba como él, aun en silencio le provocaba. El movimiento de sus
manos en el volante, su forma de mirar
por el espejo retrovisor y aprovechar
para centrarse en ella aunque
fueran segundos, o como se mordía el labio inferior cuando estaba
nervioso. El hecho de que ella no le perdiera detalle alguno, era algo que él
amaba. Como ella delineaba con sus ojos cada
movimiento que él llevaba a cabo o como sus ojos regresaban al frente cuando se
la encontraba observándolo. Por no hablar, de lo que surgía en él cuando sabía
que se mojaba los labios cuando veía la forma con la que sus manos tomaban el volante con fuerza. Indiscutiblemente, por
muchos problemas que hubieran podido tener,
ambos se deseaban aun más que cuando se casaron años antes, y este
sentimiento no había disminuido con el paso del tiempo.
Al
llegar a la casa y abrir el portón del garaje,
lo introdujo y apagó, pero cuando
Eileen se disponía a abrir la
puerta, este la detuvo. La tomó por el cuello y la atrajo hacia sí
con fuerza. Mientras la besaba, intentaba tirar de la palanca para que su
asiento fuese hacia detrás. Ella, sorprendida, sonrió, y aprovechando el espacio que había entre ambos,
se quitó la blusa que traía quedándose sólo con su brasier. Will, trató de hacer lo mismo, pero con el inconveniente de su altura dado lo
limitado del espacio, se alzó pegando su espalda a la parte trasera del sillón
y pegando parte de su cuerpo en el techo
del coche, mientras ella, riéndose, lo
ayudó a que se quitase la camisa.
Pronto, sus risas se
vieron acompañadas por las de él, al verse ambos incómodos y torpes como dos
chiquillos primerizos. Comenzaron a
besarse nuevamente, pero en cuanto la imagen volvía a sus mentes, la risa les ganaba.
Will abrió la puerta del coche, y cargándola
en sus brazos, quiso llevarla hasta
la puerta por la que se accedía a la
cocina, pero a mitad de la escalera, Eileen tomó la cara de su marido y comenzó
a besarlo, metiendo sus dedos entre su pelo y tirando un poco de él. Éste se
detuvo a mitad de ascenso, puesto que
era obvio la señal que le había sido enviada: “Tómame, aquí… Ahora”.
Así que en el descanso
de la escalera la sentó, retrocediendo un
par de escalones hacia abajo. Tomó sus pies, le quitó los zapatos y dejando sus
dedos desnudos, se los llevo a la cara. Ella lo observaba expectante, esa forma de amarla era nueva, muy diferente.
Sin dejar de mirarla mientras
se llevaba a la boca el dedo de en medio del pie, mientras su lengua acariciaba ese pequeño dedo, ello le
provocó que se moviera sin control. Eileen sentía que su interior ardía, e instintivamente, comenzó a tocarse por encima de la falda abriendo
ligeramente las piernas. Pero Will no quería que ella empezara el juego sin él,
así que le aparto la mano, y haciendo un
gesto con su boca acompañado de cierto ruidillo, le dijo que no.
Deslizando su mano desde
la rodilla hasta llegar a los muslos , con las yemas de sus dedos fue acariciando
lentamente sin perder atención de cada
movimiento, cada mirada, observando detenidamente la respiración en su pecho el
cual se agitaba cada vez más, conforme sentía que aquella mano, la de su
marido , se acercaba de aquella
forma a su intimidad.
Mientras su mano la
tocaba por encima de la ropa interior
sin parar , sonriéndola en todo momento por el goce que ella experimentaba y
que él le estaba provocando, sin previo aviso comenzó a bajarle lentamente la ropa interior,
acercándose más a ella, cual cazador a su presa. Eileen, fiel espectadora de lo
que su esposo le mostraba, apoyó ambos brazos en el escalón, poniéndose más cómoda,
lo cual no duró mucho, puesto que próximo que habría de llegar y a ella le
haría sentir, la provocarían a moverse, agitarse y tal vez gritar , liberando toda tensión posible.
Con
la ropa interior volando por los aires, cayendo sin querer en una foto que
tenían colgada en la escalera y los zapatos regados más abajo, Will tuvo uso
pleno y total de lo que su amada esposa poseía entre sus muslos. Cuando llegó a
ellos, deslizó su lengua por ellos como trazando un dulce y
agradable camino hasta su destino, el cual no se encontraba lejos. Con sus labios
en una de las ingles de Eileen, comenzó a devorar esa zona, haciendo que ésta
lo tomara por los hombros, pero él alzó
la mirada, la tomó de las manos, colocándole una agarrando uno de los
barrotes del barandal y la otra en uno
de los escalones.
Sin
palabra alguna de por medio, el mensaje transmitido estaba claro. Ana debía ser una mera espectadora para lo que él tenía en mente ese día. A ella sólo le quedaba sonreír y tratar de
aguantar lo más que pudiera, el simple
toque de aquellas manos que, sin
profundizar aún del todo, hacían
estremecer su cuerpo.
Y
como Cazador que volvía a prestarle atención a su presa, decidió culminar su
plan. Will continuó acariciando los muslos con las yemas de sus dedos,
volviendo a trazar ese camino que lo llevaba
entre los muslos de su mujer, tocando
una vez más con su lengua las ingles,
rozando por encima sus labios inferiores.
Ayudándose de una de sus manos, introdujo su lengua, hábil, voraz, juguetona,
con ansias de introducirse en su
interior más y más, hasta conseguir que Eileen comenzara a gemir, provocando que se
agarrara fuertemente al barandal y a la pared. El deseo por sentirlo en su
interior crecía con cada movimiento de él. Sentirlo con sus dedos
introduciéndose en ella, sólo incrementaba
sus ganas por ser poseída.
Para él , que
escuchaba sus gemidos, que sentía el movimiento de su cuerpo o sus piernas aprisionando
sus cabeza, ella estaba al borde de su
excitación, así que alzando su cabeza y
poniéndose de rodillas , se desabrochó el pantalón dejando ver su gran deseo
por estar en ella. La tomó de la cadera
y la acercó hacia él sin dejar de mirarla a los ojos y sin perder de vista cada
detalle, comenzó a penetrarla lentamente, como si fuera la primera vez que lo hacía,
sintiendo su interior caliente y húmedo,
pero a la vez reconfortante para él. Will
comenzó a mover su cadera mientras su cintura era rodeada por las piernas de ella , encontrándose más cerca
el uno del otro , él más adentro en
ella. . . y ella , más invadida que
nunca por él.
En
cada envestida que le daba, su rostro reflejaba su deseo por tenerla siempre así.
A ella, que en ese instante estaba más
segura que nunca de que no había nada
más importante en su vida que amar a su
esposo, a punto de llegar al máximo de
placer, su mente la traicionó haciéndole
llegar por un intervalo de segundos la
imagen del hombre en el parque. Asustada
por lo que sentía , sin dejar de observar la cara de su esposo proporcionándole
tanto placer, sin poder quitarse de su mente aquella mirada, aquellos ojos, esa
expresión…….la de ese hombre del cual ni
siquiera sabía su nombre, sólo sabía que necesitaba verlo otra vez. Los gemidos de su
esposo fueron los que la sacaron de su
ensoñación. Sin poder articular palabra alguna,
sólo dejó que él terminara de saciar sus instintos, cerrando los ojos, abrazándolo
y derramando una lágrima, por el deseo de estar con alguien más que no fuera ese hombre espectacular con el cual se había
casado.
Pasaron
los minutos después de ese estallido de pasión y deseo,
muy lleno de espontaneidad. Esa que Eileen no recordaba desde hacía mucho
tiempo, y su esposo había olvidado tener
hacia ella, obsesionado como vivía con
el tema del hijo , llegando a dejar de
lado los sentimientos de ella.
Dándole
un beso en la frente, Will la tomó entre sus brazos y la llevó a la habitación.
Recostándola suavemente en la cama, poco a
poco fue quitándole cada una de sus prendas de ropa hasta dejarla total y
completamente desnuda. Tras admirarla por un momento, la volvió a tomar en
sus brazos nuevamente y la llevó hasta
el baño. Allí, la sentó en la orilla de
la bañera y abrió el grifo del agua comprobando con los dedos de una de sus manos su
temperatura. Mientras ésta corría , la invitó a entrar en ella, para a
continuación, comenzar a quitarse la
ropa. Cuando tocó quitarse su ropa interior, decidió darle la espalda.
Mientras se la bajaba lentamente
en un acto de total provocación, fue
agachándose y abriendo
ligeramente sus piernas, ofreciéndole el
espectáculo de un trasero duro y
simplemente perfecto ante los ojos de ella , al mismo tiempo que ciertas partes
de su anatomía delantera decidían hacer
acto de presencia. Sin levantarse, se le fue acercando lentamente hasta quedar
cerca de ella. En aquel juego de perfecta seducción, se acarició
una de sus nalgas, con un gesto malévolamente sonriente en su rostro,
invitándola a tomar lo que le pertenecía. Y sin dudarlo, Ana lo hizo, soltando
al mismo tiempo una carcajada que resonó
en toda la habitación.
Poco acostumbrada a
tomar lo suyo sólo livianamente, cuando
su mano toco la piel, la introdujo entre
los muslos hasta llegar al otro extremo
abriéndola por completo para apretar con
cautelosa fuerza todo lo que en ella
podía tomar, clavándole incluso las uñas, haciendo que éste gritase ligeramente
y riera.
Will se incorporó, y dándose la vuelta, se presentó ante ella con su miembro
totalmente erecto y listo para que ella dispusiese de él a su conveniencia. Se
introdujo en la bañera con la intención de sentarse en ella, cuando su esposa
le detuvo. Sentía una necesidad irrefrenable de introducirlo en su boca y saborear su carne, como tiempo
más atrás era costumbre y muy disfrutada por su parte además.
Él la tomó por el cabello
tratando de guiarle los movimientos y hasta la intensidad de los
mismos, pero Eileen le quitó la mano
alzando su cabeza , y con una ligera sonrisa igual de maliciosa que la recibida
anteriormente. Él no había dejado que ella
ni le tocase, debiendo dejarse llevar mientras él
tomaba su cuerpo a su propio antojo, así que ahora, había llegado el momento de que ella tomara el control de la situación
y disfrutara de ese hermoso cuerpo que aún conservaba. A Will,
no le quedó más que dejarse llevar ,
y con las manos en sus hombros, se limitó a sentir como su esposa le sublimaba de placer
, mientras disfrutaba de cada centímetro de su miembro , convirtiéndolo en un estallido de
sensibilidad al tomarlo con sus manos, masajeándolo suavemente y por completo ,
combinándolo con las delicia del calor húmedo de su lengua en su base.
Consciente de que ella
jamás había olvidado cuáles eran sus puntos estratégicos de mayor placer ni cómo le gustaba ser estimulado, procuró recordárselo a él. Con su cuerpo cada
vez más erguido y arqueado hacia la pared, estiró su cuello a todo lo que más
la piel estiró dejando entrever casi su
tráquea y su boca completamente abierta y suplicante hacia el techo del cuarto
de baño. Viendo que la boca y la ágil lengua de su
esposa estaban a punto de ganar la
batalla, él, en la cima de su capacidad
de aguante , no pudo más , y a Eileen , le quedó el premio de saborear el dulce néctar de la victoria, como lo hace
el más hábil de los pilotos .
Agitado, bajó su
cabeza lentamente para recordar aquel rostro de satisfacción que creía recordar
en ella, y no contenta con ofrecerle
aquella imagen únicamente, con sus manos , humedecía sus senos, su cuello y rostro con la humedad desprendida
por él.
Algo
más relajado , aunque cansado, y con unos ojos que lo decían todo, Will se sentó a su lado en el borde la bañera,
frente a frente, tomó uno esponja, la mojó, e impregnándola de jabón, se la fue pasando suave y delicadamente por el rostro,
como si se tratara de una muñeca de porcelana
que no quisiera dañar . La dejó caer en el agua, y, con sus dedos,
comenzó a esparcir el líquido y resbaladizo elemento por su piel.
Volvió a incorporarse
cogiendo la regadera de la ducha con una
de sus manos mientras que le ofrecía la otra para que se levantase. Tomó la regadera portátil y comenzó a enjuagarla. Conforme el agua
recorría cada recoveco de su cuerpo según él decidiera por dónde, se fue
acercando a él casi imperceptiblemente, y sólo cuando estuvo lo suficientemente
cerca, levantó una de sus piernas , la que le impedía cualquier posible
escapatoria , apoyando su pie en el
pequeño saliente , mientras juntaba sutilmente su cuerpo al de él, apoyado en la
pared que tenía justo detrás. Y mirándolo fijamente a los ojos, fue acercando sus labios fundiéndose en un prolongado beso.
Ese
amor, esa entrega, esa devoción que ambos se habían ofrecido era total. No cabía duda alguna que el amor que un día
los unió, aún continuaba en su corazón. Que el deseo, la lujuria de antaño, aún
moraba en sus sentidos y se reflejaba en sus cuerpos.
Todo absolutamente, su
devoción del uno para con el otro, estaban reafirmadas. En ese beso, en esas
caricias que continuaron por un par de horas………… todo aquello que fue llenando
ese bello muro de momento inolvidables en la memoria de los dos. . .
FDO: ROCIO RANGEL ESPINOSA
(Todos los derechos reservados)

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